Poco después, mi madre y mi abuela se aventuraron a vender los productos de la tienda en los mercados más turísticos de la isla. Con el tiempo, mi abuela se dedicó por completo a la tienda, donde mis hermanas y yo pasábamos horas junto a ella, un lugar donde las tres aprendimos a caminar y jugábamos sin cesar. Mi madre, apasionada por los mercados, continuó vendiendo cerámica hasta el día de hoy junto a mi padre.
Desde que tengo memoria, he recorrido esos mercados junto a mis padres. En un giro del destino, a los 18 años, decidí seguir el legado familiar y sumergirme en este mundo que siempre ha estado presente en mí. Junto a Arnau, mi compañero de vida y socio, hemos continuado esta hermosa tradición en los mercados de Alcúdia, Puerto Pollença, Inca y Can Picafort.